Los periódicos gratuitos son un filón.
En Metro, edición Madrid, nos cuentan estas dos maravillas:
-Pamela Anderson extiende su lucha más allá de EEUU y pide ahora un mejor trato para los pollos egipcios.
Pamela siempre ha sido una mujer faraónica: primero nos hizo agotar las reservas de pasta de celulosa de media selva amazónica y ahora nos va a cambiar la dieta. Esperemos que el lobby de Kentucky no pueda con ella.
-Kirsten Dunst manifiesta en The Sun que "el mundo sería un lugar mejor si todo el mundo fumara hierba".
Buff, bueno, no sé yo si sería mejor; desde luego lo veríamos con mejores ojos.
11.4.07
Cine sobre el Holocausto
En una semana dispondré por fin de mi atadura para los próximos 12 o 14 meses -yiiiiiiijaaaa!!!!-, así que estos son los últimos días en los que podré deponer/evacuar/excretar con tanta prolijidad. Aclaro esto porque pudiera parecer que estoy siendo castigado por mi doble blasfemia. Es decir, que dada mi condición de mischlinge, gozo de la posibilidad de cometer una impiedad biconfesional: faltar al respeto a la tradición católica paternal -que con tanta prodigalidad ha provisto históricamente de sacristanes a una población pacense- jundiéndome el viernes santo un buen bistec, y pasarme por el arco del triunfo la judía materna teniendo buen cuidado de no prepararlo para que resultara kosher, sino engullirlo aún sanguinolento. Mi comportamiento es irreverente y más de un dios va a pujar tras mi muerte por mi alma infame con la segura intención -irreprochable- de cantarme las cuarenta, pongamos que por toda la Eternidad. Es más fácil darse importancia haciendo el bien, porque sólo se compite con cuatro iluminados; lo meritorio es destacarse practicando aquello a lo que concurrimos la inmensa mayoría, como el egoísmo, la avaricia, el orgullo, la insolidaridad, la crueldad y la desafección por el movimiento libertario. Y a mi me gustan los retos. Así que cuando falte el chorreo de entradas diario no penséis todavía que ya estoy ante los tribunales de ultratumba: estaré en la biblioteca empollando políticas públicas y derecho administrativo. O sea, que es entonces cuando mereceré vuestra compasión, no una vez en el camposanto.
El caso es que para relajarme he pensado en hacer un trabajito para el que me vendría muy bien un listado de películas que traten el tema del Holocausto. No me interesan películas bélicas ni ambientadas durante el periodo bélico, ni aquellas en las que se toque tangencialmente o se aluda a la cuestión, sino sólo en las que el Holocausto y la cuestión judía en el III Reich sean el tema central, bien en campos de concentración, entre bambalinas políticas, etc. Cualquier contribución será bienvenida. No descarto organizar una cuestación para sufragar alguna que sea especialmente destacada. Pero de eso ya avisaré.
Gracias por adelantado.
p.d.: lo de que ya se acaba la buena vida de las cuatro asignaturas de la carrera de relleno es verdad de la güena, en serio que me pongo al turrón del opositor cuando me den los temarios next week, palabra, esto no es como lo de "chupa, chupa, que ya te aviso...". Desconfiados, malajes, anda que pensar así de vuestro conmilitón en tantas trincheras, el tito Rodia. Na' más que disgustos me dais, caldeos y berrinches. ¡Disidentes!
El caso es que para relajarme he pensado en hacer un trabajito para el que me vendría muy bien un listado de películas que traten el tema del Holocausto. No me interesan películas bélicas ni ambientadas durante el periodo bélico, ni aquellas en las que se toque tangencialmente o se aluda a la cuestión, sino sólo en las que el Holocausto y la cuestión judía en el III Reich sean el tema central, bien en campos de concentración, entre bambalinas políticas, etc. Cualquier contribución será bienvenida. No descarto organizar una cuestación para sufragar alguna que sea especialmente destacada. Pero de eso ya avisaré.
Gracias por adelantado.
p.d.: lo de que ya se acaba la buena vida de las cuatro asignaturas de la carrera de relleno es verdad de la güena, en serio que me pongo al turrón del opositor cuando me den los temarios next week, palabra, esto no es como lo de "chupa, chupa, que ya te aviso...". Desconfiados, malajes, anda que pensar así de vuestro conmilitón en tantas trincheras, el tito Rodia. Na' más que disgustos me dais, caldeos y berrinches. ¡Disidentes!
¿El secreto del triunfo? Ponerse fea, parecer desagradable

Por lo que cuenta la prensa el estreno de la película de Olivier Dahan sobre la cantante francesa Edith Piaf debe ser inminente. Yo no tengo ni idea del tema, más allá de las cuatro cosas habituales, pero convivo con dos entusiastas de la chanson française -que me hostigan por mi desconocimiento y me vacilan marginándome de sus conversaciones en lengua transpirenaica- y la curiosidad me hará pasar por el cine, seguro.
Para interpretar a la celebérrima artista han contado con Marion Cotillard, a la que hasta ahora sólo he visto en alguna de la saga Taxi -la única que he visto, la 1 o la 2, no recuerdo-, Largo domingo de noviazgo y Big Fish, y que tiene como más reciente estreno en España la última de Ridley Scott. El motivo de esta entrada se basa en una presunción: que a partir de ahora esta bellísima actriz será tomada más en serio. Y es que no hay cosa para una actriz como afearse físicamente, sobre todo, y en menor medida interpretar papeles muy dramáticos, para ser reconocida. Ojo, que no prejuzgo para nada la labor de Cotillard porque sería absurdo sin haberla visto, y además preveo que seguramente desempeña su tarea de manera muy meritoria. Lo que me llama la atención es que se minusvalore, en primer lugar, a las actrices hermosas, sobre las que por el mero hecho de serlo ya se tienen ciertos recelos, prevenciones e incluso aprensiones y, en segundo lugar, determinados géneros.
Como algunos sabéis, porque lo hemos compartido, he hecho mis pinitos delante de las cámaras, con catastróficos resultados. Actuar es muy complicado, es cierto. Pero la adecuación a un papel lo es tanto como el papel en sí. Por ejemplo: para mi Bruce Willis es la hostia en Jungla de Cristal. Hacer una película de acción requiere, seguro, menos matices y variedad de registros que otros papeles en distintos géneros, pero el detective John McClane es una creación única. Un bruto, un macarra desastrado que persigue y mata a malos haciendo chascarrillos, sí, nada más. Y nada menos que John McClane, el epítome del poli bueno que puede ser la aspiración de cualquier chaval, el colega con el que nos encantaría ir de farra. Un gran personaje que Willis no interpreta, sino que encarna. Pero darle un premio serio un sacrilegio.
Y algo parecido ocurre con la comedia. Hacer reir es una de las cosas más difíciles y loables del mundo. Pero parece que andamos culposos por algo indefinible y que lo que más agradecemos es que nos ayuden a ejercitar el lagrimal. Debe haber algún estudio sobre eso.
El caso es que actrices como Nicole Kidman, Charlize Theron, Halle Berry o Reese Whiterspoon, por citar algunas de las ganadoras del Oscar más recientes, obtuvieron el espaldarazo crítico unánime a raíz de esconderse bajo capas de maquillaje o meterse en la piel de mujeres desgarradas y heroicas.
Reivindico la ligereza. Por pedir que no quede.
Banderas de nuestros...políticos
Ayer el Madrid ganó un título: oeoeoeoeoeoeoeoe!!!!!
De baloncesto: oeoe!!
El equivalente a la UEFA, para los que nos movemos en el mundo del fútbol: oe!!
Bien, coño, a mucha gente le gusta el baloncesto y siempre es muy meritorio ganar una competición.
Pero en la celebración hubo algo que me llamó la atención: un jugador portaba una bandera de la Comunidad de Madrid.
Ya sabéis que yo hablo desde la apatridia, pero ¿a nadie más le sorprendió? Quiero decir que a ver si los madrileños, grandes asimiladores de costumbres foráneas, vamos a empezar a emular las chorradas que ahora tanto proliferan en otros lugares del cortijo ibérico. Una bandera de la CAM...Espeluznante. No sólo la bandera en sí, que para mí es sosa, sino el hecho. ¿Se ha definido una madrileñidad o algo así y no me he dado cuenta? Que me haya pasado desapercibido semejante cataclismo después de mi desintoxicación significa que puedo pedir que me devuelvan el dinero. ¿Desde Buitrago a Navalcarnero, de Estremera a Cenicientos, las fresas de Aranjuez y el nosequé de Guadarrama, son ahora líneas definitorias de una nueva identidad?
Hace un cuarto de siglo, más o menos, se croncretó una división político administrativa poco antes prevista que nos dejó a los vecinos de la elefantiásica Madrid con un alfoz propio, le inventamos bandera y ¡patapúm! , ya no salimos de marcha sin rendirle tributo al pendón que se yergue en lo alto de un edificio en la Puerta del Sol. No me jodas...
Me estoy volviendo jacobino. Como tengo reciente a Federico, le cito: No nos dejaremos quemar por nuestras opiniones por lo poco seguros que estamos de ellas. En cambio, nos dejaríamos quemar por tener el derecho de tener nuestras opiniones -ramalazo volteriano de Fede-, y de cambiar de opinión. El Gran Polaco es muy escéptico con estas cosas, pero prometo que es como lo cuento: jacobino. Hombre, no se cambia de idea del Estado como de amor, al menos en mi caso, pero se cambia. Y espérate que no me haga partidario de un Comité de Salud Pública, que tiene una ventaja adicional: el encanto de lo que razonablemente se vislumbra su fracaso estrepitoso. (Pero que nos quiten lo bailao)
Llego tarde, tarde, tarde...
De baloncesto: oeoe!!
El equivalente a la UEFA, para los que nos movemos en el mundo del fútbol: oe!!
Bien, coño, a mucha gente le gusta el baloncesto y siempre es muy meritorio ganar una competición.
Pero en la celebración hubo algo que me llamó la atención: un jugador portaba una bandera de la Comunidad de Madrid.
Ya sabéis que yo hablo desde la apatridia, pero ¿a nadie más le sorprendió? Quiero decir que a ver si los madrileños, grandes asimiladores de costumbres foráneas, vamos a empezar a emular las chorradas que ahora tanto proliferan en otros lugares del cortijo ibérico. Una bandera de la CAM...Espeluznante. No sólo la bandera en sí, que para mí es sosa, sino el hecho. ¿Se ha definido una madrileñidad o algo así y no me he dado cuenta? Que me haya pasado desapercibido semejante cataclismo después de mi desintoxicación significa que puedo pedir que me devuelvan el dinero. ¿Desde Buitrago a Navalcarnero, de Estremera a Cenicientos, las fresas de Aranjuez y el nosequé de Guadarrama, son ahora líneas definitorias de una nueva identidad?
Hace un cuarto de siglo, más o menos, se croncretó una división político administrativa poco antes prevista que nos dejó a los vecinos de la elefantiásica Madrid con un alfoz propio, le inventamos bandera y ¡patapúm! , ya no salimos de marcha sin rendirle tributo al pendón que se yergue en lo alto de un edificio en la Puerta del Sol. No me jodas...
Me estoy volviendo jacobino. Como tengo reciente a Federico, le cito: No nos dejaremos quemar por nuestras opiniones por lo poco seguros que estamos de ellas. En cambio, nos dejaríamos quemar por tener el derecho de tener nuestras opiniones -ramalazo volteriano de Fede-, y de cambiar de opinión. El Gran Polaco es muy escéptico con estas cosas, pero prometo que es como lo cuento: jacobino. Hombre, no se cambia de idea del Estado como de amor, al menos en mi caso, pero se cambia. Y espérate que no me haga partidario de un Comité de Salud Pública, que tiene una ventaja adicional: el encanto de lo que razonablemente se vislumbra su fracaso estrepitoso. (Pero que nos quiten lo bailao)
Llego tarde, tarde, tarde...
9.4.07
Bajo el cálido amparo de la ignorancia
Lo de ser un ignorante orgánico tiene sus ventajas y es de justicia reconocerlo.
Entre mis múltiples defectos se encuentra el de no ser capaz de expresarme en otra lengua que en la que escribo este blog y, por supuesto, klingon -para la que no hay sistema de trasposición gráfica terrícola adecuado-. Pero en ocasiones esta severa limitación cultural y falta de cualificación profesional sirve para ocultar otras taras más profundas e injustificables por la simple desidia antropológica que caracteriza a mi tribu.
Estos pasados días de asueto confesional Nstr recibió la visita de dos de sus compañeras en Oxford y tuve el placer de tratarlas personalmente. En la apoteosis del intercambio cultural, esperando a solas con ellas en las catacumbas de un céntrico pub atestado de jóvenes wasp alcoholizados -unos vociferantes mayflowercitos de lo más encantador- mientras los demás pedían la consumición de turno -esos imprescindibles botijos que son nuestra sombra-, puse a prueba todas mis destrezas comunicativas lingüísticas...con un pobre resultado. Afortunadamente. Me explico. Preguntado por la existencia de una hipotética girlfriend de Rodia, pregunta directa y sencilla, no tuve más que responder con un monosílabo, dichosa expresión sintética que ni siquiera requiere más que un gesto pero que, como me sentía henchido de optimismo, artícule hasta conseguir un no de lo más british. A continuación se me preguntó si había tenido antes una girlfriend, a lo que, interpretando en un sentido débil el término y no entrando en precisas categorizaciones -¿qué entendemos por una girlfriend?- respondí con una construcción compleja a la manera de Toro Sentado: "oh, yes, yes, many years ago", haciendo aspavientos con los brazos en dirección a la pared que quedaba detrás de mi espalda para parchear las lagunas sintácticas y léxicas con el noble arte del mimo. Pero cuando seguidamente me inquirieron por mi tipo ideal de girlfriend, la cosa se puso complicada. No es que no me haya planteado la cuestión en términos weberianos; lo que no he hecho es hacerlo en inglés. Y poniendo a toda máquina el aparato pensador, construí una frase digna de un soneto shakesperiano o de una comedia de Wilde, que traduzco literalmente al castellano para que no se pierda nadie: "Oh -en inglés empiezo todas las frases con un "oh", como lamentando el atropello que voy a soltar de inmediato-, no tengo un tipo de mujer, no, yo creo que yo encuentro cosas buenas en muchos tipos de mujeres diferentes, yo creo que muchas mujeres diferentes me gustan, si, si". Así, con un par, demostrando la amplitud de mis horizontes, no sea que se lleven la impresión de que me dejo constreñir por algo parecido a un criterio. Y la culminación llegó con la explicación al hecho de no tener girlfriend -que no recuerdo a ton de qué vino, pero tendría algún motivo, aunque fuera como autojustificación-: "Because I'm very nervous".
Bendita ignorancia: es evidente que decir que en lo esencial soy un tipo insoportable habría dejado una impresión mucho más negativa -tal vez terrorífica- en nuestras amabilísimas y encantadoras visitantes.
Entre mis múltiples defectos se encuentra el de no ser capaz de expresarme en otra lengua que en la que escribo este blog y, por supuesto, klingon -para la que no hay sistema de trasposición gráfica terrícola adecuado-. Pero en ocasiones esta severa limitación cultural y falta de cualificación profesional sirve para ocultar otras taras más profundas e injustificables por la simple desidia antropológica que caracteriza a mi tribu.
Estos pasados días de asueto confesional Nstr recibió la visita de dos de sus compañeras en Oxford y tuve el placer de tratarlas personalmente. En la apoteosis del intercambio cultural, esperando a solas con ellas en las catacumbas de un céntrico pub atestado de jóvenes wasp alcoholizados -unos vociferantes mayflowercitos de lo más encantador- mientras los demás pedían la consumición de turno -esos imprescindibles botijos que son nuestra sombra-, puse a prueba todas mis destrezas comunicativas lingüísticas...con un pobre resultado. Afortunadamente. Me explico. Preguntado por la existencia de una hipotética girlfriend de Rodia, pregunta directa y sencilla, no tuve más que responder con un monosílabo, dichosa expresión sintética que ni siquiera requiere más que un gesto pero que, como me sentía henchido de optimismo, artícule hasta conseguir un no de lo más british. A continuación se me preguntó si había tenido antes una girlfriend, a lo que, interpretando en un sentido débil el término y no entrando en precisas categorizaciones -¿qué entendemos por una girlfriend?- respondí con una construcción compleja a la manera de Toro Sentado: "oh, yes, yes, many years ago", haciendo aspavientos con los brazos en dirección a la pared que quedaba detrás de mi espalda para parchear las lagunas sintácticas y léxicas con el noble arte del mimo. Pero cuando seguidamente me inquirieron por mi tipo ideal de girlfriend, la cosa se puso complicada. No es que no me haya planteado la cuestión en términos weberianos; lo que no he hecho es hacerlo en inglés. Y poniendo a toda máquina el aparato pensador, construí una frase digna de un soneto shakesperiano o de una comedia de Wilde, que traduzco literalmente al castellano para que no se pierda nadie: "Oh -en inglés empiezo todas las frases con un "oh", como lamentando el atropello que voy a soltar de inmediato-, no tengo un tipo de mujer, no, yo creo que yo encuentro cosas buenas en muchos tipos de mujeres diferentes, yo creo que muchas mujeres diferentes me gustan, si, si". Así, con un par, demostrando la amplitud de mis horizontes, no sea que se lleven la impresión de que me dejo constreñir por algo parecido a un criterio. Y la culminación llegó con la explicación al hecho de no tener girlfriend -que no recuerdo a ton de qué vino, pero tendría algún motivo, aunque fuera como autojustificación-: "Because I'm very nervous".
Bendita ignorancia: es evidente que decir que en lo esencial soy un tipo insoportable habría dejado una impresión mucho más negativa -tal vez terrorífica- en nuestras amabilísimas y encantadoras visitantes.
Alienación social y lucha de clases vista a través de una felación a Alexander Portnoy
Lo que Sally no podía hacer era mamarme. Disparar una escopeta contra un pato está muy bien, chuparme el pene es algo superior a ella. Lo sentía, decía, si yo me lo iba a tomar tan a pecho, pero era algo que ella no quería probar. Yo no debía comportarme como si se tratara de una afrenta personal, decía, porque no tenía absolutamente nada que ver conmigo como individuo...Oh, no ¿eh? ¡Un cuerno, nenita! Sí, lo que tanto me encolerizaba era precisamente mi creencia de que yo estaba siendo objeto de discriminación. Mi padre no podía ascender en la Boston & Northeastern por la misma razón por la que Sally Maulsby se negaba a echarse sobre mi. ¿Dónde estaba la justicia en este mundo?(...)"Yo te lo hago", le decía. La Peregrina se encogía de hombros, me decía amablemente: "Pero no tienes por qué hacerlo, ya sabes. Si no quieres...". "Ah, pero es que quiero. No es cuestión de tener que. Yo quiero hacerlo." "Bueno -respondía ella-, yo no". "¿Pero por qué no?" ."Porque no". "¡Ésa es una contestación de niña, Sarah...! ¡Dame una razón!." "Yo...simplemente no hago eso, eso es todo". "Pero eso nos lleva a lo mismo. ¿Por qué?". "No puedo, Alex. Simplemente, no puedo." "¡Dame una sola razón!" "Por favor -replicaba ella, conociendo sus derechos-, no creo que tenga que hacerlo".
No, ella no tenía que hacerlo, porque para mí la contestación estaba ya bastante clara de todas formas: Porque tú no sabes orzar una embarcación ni qué es un foque, porque nunca has tenido trajes de noche ni has estado en un cotillón...Sí, señor, si yo fuera un rubio goy (gentil, en yiddish) con traje de montar y botas de caza de cien dólares, no se preocupe, ella estaría ya mamándome, ¡oh, estoy seguro de ello!
Estoy equivocado. He pasado tres meses ejerciendo presión sobre su nuca (presión que encontraba una sorprendente resistencia, una impresionante e, incluso, conmovedora exhibición de obstinación viniendo de persona tan dulce y poco combativa), durante tres meses la he asaltado con argumentos y la he estirado de noche de las orejas. Luego, una noche, me invitó a oir el Cuarteto de Cuerda de Budapest interpretando a Mozart en la Biblioteca del Congreso; durante el movimiento final del Quinteto de Clarinete, ella me cogió de la mano, empezaron a brillar sus mejillas, y, cuando volvimos a su apartamento y nos metimos en la cama, Sally dijo: "Alex...lo haré". "¿El qué?" Pero ella se había sumergido ya bajo las sábanas y estaba fuera de mi vista: ¡chupándome! Es decir, tomó mi pene en su boca y lo retuvo allí durante el tiempo que se tarda en contar hasta sesenta, exactamente igual, doctor, que si tuviese un termómetro. Yo aparté las mantas...¡tenía que ver aquello! Sentir no había mucho que sentir, pero ¡oh, la vista de ello! Sólo que Sally había ya terminado. Se lo había puesto ya a un lado de la cara, como si fuera la palanca de cambio de su Hillman-Minx. Y había lágrimas en su rostro.
-Lo hice -anunció.
-Sally, oh, Sarah, no llores.
-Pero lo hice, Alex.
-¿Quieres decir -exclamé- que eso es todo?
-¿Quieres decir -respondió entrecortadamente- que hay más?
-Bueno, para serte franco, un poco más. Quiero ser sincero contigo, esto pasaría inadvertido...
-Pero se está poniendo grande. Me ahogaré.
UN JUDÍO ASFIXIA CON EL PENE A UNA DEBUTANTE, Graduada de Vassar víctima de estrangulamiento.
-Si respiras, no.
-Sí, me ahogaré...
-Sarah, la mejor protección contra la asfixia es respirar. Tú respira, y no te preocupes de más.
Dios la bendiga, lo intentó. Pero salió con náuseas.
-Ya te lo he dicho -gimió.
-Pero no estabas respirando.
-No puedo, con eso en la boca.
-Por la nariz, haz como si estuvieras nadando.
-Pero no lo estoy haciendo.
-¡FÍNGELO! -sugerí, y, aunque ella lo intentó valientemente otra vez, emergió sólo unos segundos después, congestionada, tosiendo y bañada en lágrimas. La cogí entonces entre mis brazos (aquella encantadora y dispuesta muchacha, convencida por Mozart para mamar a Alex, oh, dulce como Natacha en Guerra y Paz, tierna y joven condesa). La mecí, la acaricié, la hice reír, le dije por primera vez "yo también te quiero, nenita", pero, naturalmente, no podía estar más claro para mí que pese a sus abundantes cualidades y encantos -su entrega, su belleza, su gracia felina, su puesto en la Historia americana-, no podía haber en mí ningún "amor" hacia La Peregrina. Intolerante con sus flaquezas. Celoso de sus éxitos. Resentido con su familia. No, no había allí mucho espacio para el amor.
Philip Roth, El lamento de Portnoy
No, ella no tenía que hacerlo, porque para mí la contestación estaba ya bastante clara de todas formas: Porque tú no sabes orzar una embarcación ni qué es un foque, porque nunca has tenido trajes de noche ni has estado en un cotillón...Sí, señor, si yo fuera un rubio goy (gentil, en yiddish) con traje de montar y botas de caza de cien dólares, no se preocupe, ella estaría ya mamándome, ¡oh, estoy seguro de ello!
Estoy equivocado. He pasado tres meses ejerciendo presión sobre su nuca (presión que encontraba una sorprendente resistencia, una impresionante e, incluso, conmovedora exhibición de obstinación viniendo de persona tan dulce y poco combativa), durante tres meses la he asaltado con argumentos y la he estirado de noche de las orejas. Luego, una noche, me invitó a oir el Cuarteto de Cuerda de Budapest interpretando a Mozart en la Biblioteca del Congreso; durante el movimiento final del Quinteto de Clarinete, ella me cogió de la mano, empezaron a brillar sus mejillas, y, cuando volvimos a su apartamento y nos metimos en la cama, Sally dijo: "Alex...lo haré". "¿El qué?" Pero ella se había sumergido ya bajo las sábanas y estaba fuera de mi vista: ¡chupándome! Es decir, tomó mi pene en su boca y lo retuvo allí durante el tiempo que se tarda en contar hasta sesenta, exactamente igual, doctor, que si tuviese un termómetro. Yo aparté las mantas...¡tenía que ver aquello! Sentir no había mucho que sentir, pero ¡oh, la vista de ello! Sólo que Sally había ya terminado. Se lo había puesto ya a un lado de la cara, como si fuera la palanca de cambio de su Hillman-Minx. Y había lágrimas en su rostro.
-Lo hice -anunció.
-Sally, oh, Sarah, no llores.
-Pero lo hice, Alex.
-¿Quieres decir -exclamé- que eso es todo?
-¿Quieres decir -respondió entrecortadamente- que hay más?
-Bueno, para serte franco, un poco más. Quiero ser sincero contigo, esto pasaría inadvertido...
-Pero se está poniendo grande. Me ahogaré.
UN JUDÍO ASFIXIA CON EL PENE A UNA DEBUTANTE, Graduada de Vassar víctima de estrangulamiento.
-Si respiras, no.
-Sí, me ahogaré...
-Sarah, la mejor protección contra la asfixia es respirar. Tú respira, y no te preocupes de más.
Dios la bendiga, lo intentó. Pero salió con náuseas.
-Ya te lo he dicho -gimió.
-Pero no estabas respirando.
-No puedo, con eso en la boca.
-Por la nariz, haz como si estuvieras nadando.
-Pero no lo estoy haciendo.
-¡FÍNGELO! -sugerí, y, aunque ella lo intentó valientemente otra vez, emergió sólo unos segundos después, congestionada, tosiendo y bañada en lágrimas. La cogí entonces entre mis brazos (aquella encantadora y dispuesta muchacha, convencida por Mozart para mamar a Alex, oh, dulce como Natacha en Guerra y Paz, tierna y joven condesa). La mecí, la acaricié, la hice reír, le dije por primera vez "yo también te quiero, nenita", pero, naturalmente, no podía estar más claro para mí que pese a sus abundantes cualidades y encantos -su entrega, su belleza, su gracia felina, su puesto en la Historia americana-, no podía haber en mí ningún "amor" hacia La Peregrina. Intolerante con sus flaquezas. Celoso de sus éxitos. Resentido con su familia. No, no había allí mucho espacio para el amor.
Philip Roth, El lamento de Portnoy
F. Nietzsche: ondas sobre la superficie de un estanque

La evolución toda de Nietzsche es el resultado de su temprana pérdida de la fe religiosa. Evolución que tiene su origen en el "temor de la muerte de Dios", esta emoción inaudita cuyos últimos rugidos repercutirán hasta en la cuarta parte de Zaratustra.
Lo que Nietzsche trata de descubrir, a través de las distintas formas de divinización de sí, es un "sustituto por el dios muerto". En ello podemos ver la supervivencia del instinto religioso en un librepensador, instinto que permanece muy poderoso, incluso después de haberse hundido el dios al que se dirigía. A este dios podemos aplicarle la hermosa imagen de Nietzsche: "Ya se ha puesto el sol, pero alumbra y abrasa todavía el cielo de nuestra vida, aunque ya no lo veamos".
Es preciso igualmente leer en el Gay Saber este conmovedor "Apóstrofe del insensato": "¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido obrar así? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho cuando hemos separado esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde le conducen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos sin cesar? ¿Hacia delante, hacia atrás, de todos lados? ¿Todavía hay un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? El vacío ¿nos persigue con su hálito? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros, que entierra n a Dios? ¿Nada sentimos aún de la descomposición? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros somos quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esta sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de este acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso, y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia".
Los sufrimientos causados por la nostalgia de Dios terminan engendrando la necesidad de crear a Dios, y éste no puede más que manifestarse bajo la forma de la divinización de sí mismo. Con instinto seguro, Nietzsche detecta en el fenómeno religioso la expansión suprema del instinto individual, la voluntad de alcanzar los goces supremos del espíritu. En general, este individualismo exaltado, que encontramos en el origen de todas las religiones, este "egoísmo sublime" que anima todas las manifestaciones de la vida religiosa, se expresa libremente porque cree dirigirse a una potencia vital o divina que le es ajena, mientras que en Nietzsche influye sobre él mismo, y vuelve al centro de donde había alido. Por un lado su inteligencia le dice que Dios ha muerto, pero por otro, su instinto no soporta la falta de divinidad. Entonces se ve en la obligación de aplicarse a sí mismo la conclusión audaz que saca de esta contradicción: "Si hubiera dioses, ¿cómo soportaría yo el no ser un dios! Por tanto, no hay dioses". Estas palabras de Zaratustra se pueden comparar a estas otras: "¡Y habrá adoración incluso en tu vanidad!".
Lou Andreas Salomé, Nietzsche, Grupo Cultural Zero, Madrid, 1986.
L'Humanité/La catatonia espiritual a día de hoy

La belleza pasa desapercibida (elpais.com, 9/4/2007)
Viernes, 12 de enero de 2007. Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante 43 minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado del Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca. No había caído en desgracia, sino protagonizando un experimento, recogido en diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza.
Un experto, Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EEUU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza, y un centenar echaría dinero en la gorra. Pero eso no fue lo que ocurrió.
Joshua Bell fue un niño prodigio, que no ha dudado en quitarse el aura de virtuoso intocable. Ha llegado a aparecer en la versión estadounidense de Barrio Sésamo. También interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un oscar. Bell no sólo respondió encantado al reto de tocar en el metro, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius.
El músico arrancó con la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.
A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.
"Era una sensación extraña, la gente me estaba? ignorando", declara Bell al Post. El virtuosos asegura que habitualmente le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.
Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza. Mientras, Bell recuerda con amargura los peores momentos: cuando acababa una pieza, nadie aplaudía.
Sólo una personas se detuvo seis minutos a escucharle. El treintañero John David Mortensen, funcionario del Departamento de Energía de EEUU, quien declara al periódico que la única música clásica que conoce son los clásicos del rock. Fuera lo que fuera lo que estaba tocando el virtuoso, declara Mortensen "me hacía sentir en paz".
Viernes, 12 de enero de 2007. Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante 43 minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado del Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca. No había caído en desgracia, sino protagonizando un experimento, recogido en diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza.
Un experto, Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EEUU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza, y un centenar echaría dinero en la gorra. Pero eso no fue lo que ocurrió.
Joshua Bell fue un niño prodigio, que no ha dudado en quitarse el aura de virtuoso intocable. Ha llegado a aparecer en la versión estadounidense de Barrio Sésamo. También interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un oscar. Bell no sólo respondió encantado al reto de tocar en el metro, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius.
El músico arrancó con la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.
A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.
"Era una sensación extraña, la gente me estaba? ignorando", declara Bell al Post. El virtuosos asegura que habitualmente le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.
Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza. Mientras, Bell recuerda con amargura los peores momentos: cuando acababa una pieza, nadie aplaudía.
Sólo una personas se detuvo seis minutos a escucharle. El treintañero John David Mortensen, funcionario del Departamento de Energía de EEUU, quien declara al periódico que la única música clásica que conoce son los clásicos del rock. Fuera lo que fuera lo que estaba tocando el virtuoso, declara Mortensen "me hacía sentir en paz".
8.4.07
Onán
El Antiguo Testamento es una de las lecturas más provechosas y entretenidas que pueden encontrarse, como cualquiera que recuerde la catequesis sabe. Pero existen tantos prejuicios sobre el Libro, tanto del lado de quienes desde la irreligiosidad lo tachan de colección de supercherías sobre el que cargar veintitantos siglos de neurosis e histerias colectivas como de quienes le atribuyen, desde fundamentalismos confesionales varios, el carácter de obra incontestable y manual de instrucciones que seguir al pie de la letra para no descarrilar en la vida, que la mayor parte de las veces lo único que se escucha de él son las frases hechas que en uno u otro sentido sirven de coletillas para emplear acríticamente en cualquier trance.
Como ateo a la manera judía que soy contemplo esta antigua Ley -Torá- con respeto y una cierta reverencia elevada por la ironía necesaria en estos casos. Y me puedo permitir pasármelo bien y alimentar la jocundia con algunos episodios como el de Onán que refleja, como he señalado antes, el profundo desconocimiento y lo errado de los lugares comunes de tantos latiguillos coloquiales. Si en estos días tan repletos de ceremoniales y plegarias alguien quiere desengrasar un poco desde dentro, invitado queda a pasarse por aquí.
Como ateo a la manera judía que soy contemplo esta antigua Ley -Torá- con respeto y una cierta reverencia elevada por la ironía necesaria en estos casos. Y me puedo permitir pasármelo bien y alimentar la jocundia con algunos episodios como el de Onán que refleja, como he señalado antes, el profundo desconocimiento y lo errado de los lugares comunes de tantos latiguillos coloquiales. Si en estos días tan repletos de ceremoniales y plegarias alguien quiere desengrasar un poco desde dentro, invitado queda a pasarse por aquí.
6.4.07
Ray
Hasta que se descongele el proyecto paginero Reality Tropezones se abre como las entrañas de Madrid ante las tuneladoras para recoger otras voces, nuevos temas, distintos enfoques y soplos diferentes que alivien algo el vórtice rodiano de la tribuna, lo que lejos de desnaturalizarla la completa pues un tropezón no es una partícula libre que actúa aislada de las demás, sino que es en el conjunto de la masa potosa donde toma y compone su conciencia social e individual, desde el contraste con sus tropezoncillos semejantes.
Las primicias se las llevan Cris y el cine.
RAY
Drama biográfico
USA. 2004
Director: Taylor Hackford
Intérpretes: Jamie Foxx, Kerry Washington, Regina King, Sharon Warren
Guión: Taylor Hackford y James L. White
Calificación: * * *
Taylor Hackford (responsable, entre otras, del hito romántico de los ochenta “Oficial y Caballero”; “Pactar con el Diablo”-popurrí de “El corazón del ángel” y “La semilla del diablo”- o la interesante “Dolores Claiborne” y que en 1987 rodó un documental sobre otro de sus ídolos musicales, Chuck Berry) es un director eficaz que compone en “Ray” una película vistosa y elegante que sin embargo no aporta nada nuevo al género de las biografías cinematográficas. Narra con corrección la historia personal y profesional del genio musical desde sus inicios hasta su consagración, intercalando “flashbacks” de la infancia del protagonista y esplendorosos números musicales (para mí, lo mejor de la película) que cantan la vida de Ray Charles Robinson.
El peso de la película recae sobre la imitación e interpretación(¿?) de Jamie Foxx que plasma perfectamente al músico y su coreografía corporal, recordando a sus inicios como cómico en la televisión norteamericana en el mismo programa del que también salió Jim Carrey, “In Living Colour” (¿por qué aún se le exige a un intérprete que encarne papeles dramáticos- como es el caso de Foxx con “Collateral” y “Ray”- para que se le tome en serio como actor?).
Los demonios y fantasmas de Charles sobrevuelan la historia basada en un flojo guión (del que el director es coautor) donde no se explican los súbitos cambios del protagonista y quedan desdibujados tanto los personajes que le acompañan como el conflicto racial de fondo. Es interesante ver cómo al (externo) éxito profesional le sucede el (interno) fracaso personal pero da la sensación de que lo que pretende el director es justificar al mito, drogadicto y mujeriego pero ante todo genial, a través de sus traumas infantiles y que el espectador simpatice con él (curiosamente este planteamiento se opone a la doctrina que dura pero emotivamente le inculcó su madre). La película mantiene el interés aunque llega un momento en el que uno siente estar ante un “telefilme” a lo grande que se vuelve más típico y tópico conforme llega al final, finiquitándose el “asunto drogas” en el último cuarto de hora de metraje y poniéndole una rápida solución a los problemas de Ray con una mágica sesión de psicoanálisis. Se nota que es una película hecha por un “fan” para los “fans”, que se deja ver aunque lo que perdurará será el señor que le da nombre.
Cristina M. Portocarrero
Las primicias se las llevan Cris y el cine.
RAY
Drama biográfico
USA. 2004
Director: Taylor Hackford
Intérpretes: Jamie Foxx, Kerry Washington, Regina King, Sharon Warren
Guión: Taylor Hackford y James L. White
Calificación: * * *
Taylor Hackford (responsable, entre otras, del hito romántico de los ochenta “Oficial y Caballero”; “Pactar con el Diablo”-popurrí de “El corazón del ángel” y “La semilla del diablo”- o la interesante “Dolores Claiborne” y que en 1987 rodó un documental sobre otro de sus ídolos musicales, Chuck Berry) es un director eficaz que compone en “Ray” una película vistosa y elegante que sin embargo no aporta nada nuevo al género de las biografías cinematográficas. Narra con corrección la historia personal y profesional del genio musical desde sus inicios hasta su consagración, intercalando “flashbacks” de la infancia del protagonista y esplendorosos números musicales (para mí, lo mejor de la película) que cantan la vida de Ray Charles Robinson.
El peso de la película recae sobre la imitación e interpretación(¿?) de Jamie Foxx que plasma perfectamente al músico y su coreografía corporal, recordando a sus inicios como cómico en la televisión norteamericana en el mismo programa del que también salió Jim Carrey, “In Living Colour” (¿por qué aún se le exige a un intérprete que encarne papeles dramáticos- como es el caso de Foxx con “Collateral” y “Ray”- para que se le tome en serio como actor?).
Los demonios y fantasmas de Charles sobrevuelan la historia basada en un flojo guión (del que el director es coautor) donde no se explican los súbitos cambios del protagonista y quedan desdibujados tanto los personajes que le acompañan como el conflicto racial de fondo. Es interesante ver cómo al (externo) éxito profesional le sucede el (interno) fracaso personal pero da la sensación de que lo que pretende el director es justificar al mito, drogadicto y mujeriego pero ante todo genial, a través de sus traumas infantiles y que el espectador simpatice con él (curiosamente este planteamiento se opone a la doctrina que dura pero emotivamente le inculcó su madre). La película mantiene el interés aunque llega un momento en el que uno siente estar ante un “telefilme” a lo grande que se vuelve más típico y tópico conforme llega al final, finiquitándose el “asunto drogas” en el último cuarto de hora de metraje y poniéndole una rápida solución a los problemas de Ray con una mágica sesión de psicoanálisis. Se nota que es una película hecha por un “fan” para los “fans”, que se deja ver aunque lo que perdurará será el señor que le da nombre.
Cristina M. Portocarrero
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