16.4.07

Mudanza

Esta entrada no desdice a la de Refundación definitiva, sino que la complementa y precisa.
Veréis, amantísimos y fieles lectores -el contador no marca unidades, sino en miles, por lo que me dirijo a una multitud considerable-: ayer domingo tomé conocimiento de una realidad que me ha decidido a cambiar la residencia del blog manteniendo, eso sí, el formato y el espíritu de las últimas entradas -y el de las primeras-. No es que reniegue de esos ladrillos que tanto emocionan a NSTR, que tiene así ocasión de discutir conmigo y lavar su orgullo herido en mis aplastantes victorias de dardos, pero ya me preocupo bastante de ordinario como para soltar aquí más tribulaciones personales. De hecho creo que incluiré algunas de las entradas de este blog en el nuevo, que si no el miedo al vacío inicial me puede hacer desistir del nuevo empeño antes de comenzar (aunque, ejem, ultimamente estoy abonado a eso...soy un débil).
Creo que cada día se abren unos cuantos miles de blogs nuevos, así que qué mejor que contribuir a esta euforia especulativa en internet. Además, hostias, que llevo 14 meses sin abrir nada(...jijiji...jiji...más quisiera)
Ya contactaré con los lectores habituales para facilitarles la nueva dirección. A los ocasionales, accidentales, etc, que han empleado algún tiempo por aquí sólo espero no haberles aburrido ni cabreado más de lo debido y el mundo, aunque sea virtual y tan inaprensible en apariencia como el de internet, sigue siendo un pañuelo.
Hasta pronto.

14.4.07

Una misión peligrosa

El Gran Polaco nos reúne una vez al mes para darnos cuenta de las epopeyas que pergeña en la soledad llena de humedades de su sótano/salón de té. Ayer tocaba, como todos los viernes 13, sesión extraordinaria.
Caballeros, comenzó diciendo sin dejar de hurgarse los dientes con la vara del aceite de un Lada del 78, los Charlines Polacos vamos a organizar unas jornadas de perfeccionamiento en el asalto a furgones blindados en la región de Podlaquia, así que preparad los petates y arreando. Pero antes leed las instrucciones que están en estos sobres.
Cojo uno y me estremezco. Carraspeo, meto las manos en los bolsillos acompañando un leve balanceo de caderas adelante y atrás, y por fin me atrevo a alzar la voz.
Líder -en voz baja y untuosa-, temo que en esta ocasión tenga que expresar una objeción a su plan, por otra parte tan idóneo en todo lo que no comprende este pequeño pero.
El Gran Polaco levanta una ceja, engulle la varilla de aceite y dice: Habla, miserable.
Si, verá, ¡oh clemente y misericordioso!, nada me complace más que satisfacer sus deseos, aunque con ello me gane la trena, como bien sabes, pani, pero percibo alguna lagunilla en su plan en lo que concierne, exclusivamente, a la conservación de mi poco íntegra persona en sus constantes vitales habituales.
¡Habla claro, perro!, grita.
Desde luego, sublime camarada a cuyo albedrío me someto consciente de tu superior calidad...¡Deja de lamerme mi prieto trasero polaco, mentecato!, me interrumpe. Oh, si, por supuesto...ejem, verás, camarada jefazo, y lo digo sin ninguna acritud, pero entre las muchas constumbres que ennoblecen al gran pueblo polaco hay una, la de patear judíos, que a mi mosaica persona le resulta amenazante.
¡Pero si tú eres sólo medio judío, estás semicircunciso, no hablas una palabra de hebreo y únicamente santificas las fiestas a las que acuden las enormes tetas de tu prima Judith, cerdo endogámico!, exclama.
Protesto -y me yergo mientras digo esto justificándome en una fingida indignación-, Gran Polaco, en primer lugar porque lo de cerdo me parece una alusión antisemita y, en segundo lugar, porque mi actitud hacia mi prima es sólo contemplativa y admirativa y, además, creo que somos primos terceros...En cualquier caso, y como no es mi estilo declararme insumiso, ¿podría al menos prescindir del disfraz de viejo rabino y la bolsita de piel con el símbolo del dólar atada a la cintura repleta de monedas de oro que me adjudica en estas instrucciones?
El Gran Polaco dibuja media sonrisa en su rostro de viejo lobo estepario y en su gesto leo el anticipo de una lección:
¿Acaso crees, Rodia, que con un fardo de dinero y la apariencia de indefensión ibas a salir indemne de una agresión aunque te enviara al mismísimo Jerusalén oeste?

Soy un saco de prejuicios, el Gran Polaco me ha vuelto a demostrar que tiene mucho que enseñarme y que me queda todo por aprender.
Bueno, continúa, veo que has tomado cuenta de la insondable ignorancia que atesoras. Tranquilo, ya has tenido tu escarmiento, no te haré pasar por nada que ponga en peligro tu integridad física. Así que, querido y fiel Rodia, aquí tienes tus nuevas instrucciones -y me tiende otro sobre.
Salgo del sótano/salón de ti, lo abro y leo el contenido de la breve nota que contiene: mi nueva caracterización es la de...¡oficial del Ejército Rojo!

Carcajadas tras la puerta.

13.4.07

Refundación definitiva (o casi)

Atendiendo algunas quejas que coincidían en señalar la incomodidad de la presentación anterior -muchos colorines, letra pequeña, mucho texto, etc- he llevado a cabo esta reconfiguración, que también va a ser de contenidos.
Espero que ahora, con el fondo blanco y los tipos más grandes, sea menos incómodo leer (a mi también me fastidiaba la vista y no ando muy sobrado). La combinación de colores es imposible hacerla más sencilla. El archivo es diario porque espero introducir algo cada noche, generalmente breve. Se muestran la mitad de entradas -10- para no abrumar y desincentivar la lectura por una impresión de exceso. He incorporado barra de videos y de noticias, que a alguien le interesará. Vida nueva y nombre nuevo. A ver si consigo encontrar una forma que me satisfaga de ordenar las entradas por grupos y ordenarlo un poco más racionalmente.

(Gracias a Cris y Oscar por la foto de Coco)

¿Qué hiciste? ¿Contemporánea? Anda, periodista...


Cuando me encuentro con alguien que ha estudiado Historia siempre cae la pregunta del itinerario seguido, y siempre el comentario que sigue a la respuesta es el mismo.

Ayer me sucedió con Abel, un conocido del primer ciclo de la carrera, al que encontré en la biblioteca. ¿Seguiste con medieval? No, le digo, al final opté por contemporánea. Jeje, otro periodista, ¿eh?, me contesta.

Pero vamos a ver: ¿que cojones tendrá que ver? Para empezar no creo que sea un desdoro para nadie haber estudiado Periodismo. Lo que ocurre es que por su visibilidad son un colectivo donde cantan mucho los gañanes, pero dudo que en otros ámbitos se encuentren en menor medida: la tontería está repartida de manera homogénea y para muestra estoy yo, cumpliendo impecable la cuota de botarates que se espera de todo grupo -en este caso el de peatones del Mar Rojo semicircuncisos-.

Por otro lado la metodología y el aparato crítico de la ciencia histórica no le es ajeno a los contemporaneístas. Esto es una ciencia, señores, nadie la va a tener más grande por andar con lo más antiguo entre manos, por favor, se trata de producir conocimiento, no ideologías (que siempre tiran de la Historia construyendo historietas en las que triunfa más el que haga gala de mayor imaginación remontándose a la noche de los tiempos para legitimarse con un nosequé de vetetuasaberquelechesmeestascontando)

Es que si nos ponemos todos igual de tontos, no sé, por ejemplo, el entusiasmo con la arqueología y la historia del arte griegos tiene muy cogida por los pelos la utilidad social, digo yo, porque, que yo sepa, cuando vas por la Castellana y pegas una patada a una lata no te sale de debajo una estatua de Policleto precisamente (de hecho lo más habitual es encontrar otra lata o el basamento de la lata pateada, generalmente caca de perro o goma de mascar usada y, en el mejor de los casos, un condón)
Cawentó...

La cuestión israelí


Como señala el autor de uno de los libros que voy a recomendar el conflicto que tiene como escenario Palestina es un asunto del que todos tenemos una opinión y del que sabemos en general muy poco. Y como sucede cuando nos da por verter consideraciones desde la ignorancia el encono en la discusión está asegurado, por absurda que sea la situación.
Tanto La tierra más disputada, de Joan B. Culla, como la obra de Jean Daniel La Prisión judía, abordan la cuestión desde una visión centrada en la experiencia histórica israelí. Y es precisamente por eso por lo que los traigo aquí, ya que se da un curioso fenómeno: el gran consenso en España alrededor de las tesis pro arabopalestinas.
Encuentro tres posibles motivos para explicar, si no la hegemonía, el predominio de esas tesis (prejuicios en gran medida):
-Uno de carácter moral, en especial vinculado a sentimientos de compasión y que se justifica por la instintiva simpatía -no exenta de condescendencia-hacia el pobre, el oprimido, el pueblo cercado u ocupado, hostigado de manera permanente desde la desproporción de fuerzas, etc.
-Ideológica reaccionaria, que se ampara en la deformación y la inflación de hechos y palabras hasta acuñar términos como "genocidio palestino", tergiversación conceptual fabricada en movimientos izquierdistas pero bajo cuyo amparo se da vía libre a la expresión de una corriente reprobada universalmente tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto y que ahora se ve liberada por la supuesta conversión en verdugos de las víctimas de entonces: el antisemitismo.
-Ideológica antiimperialista, que ha recorrido un gran camino con muchos virajes, desde la simpatía y apoyo inicial a la formación del Estado de Israel -que posiblemente no hubiera resistido a su guerra fundacional sin la yuda política y material que le ofreció la intercesión soviética- y su nebuloso proyecto socialista hasta el distanciamiento progresivo desde la década de los cincuenta y el alejamiento definitivo a raíz de la Guerra de los Seis Días. De entonces para acá la consideración que una mayoría de la izquierda hace de Israel es la de un Estado imperialista y racista, que mantiene una segregación interna hacia su población árabe y ocupa el territorio que la legalidad internacional confiere a los arabopalestinos con la clara intención de anexionarlo en todo o en parte.

Todo ello, como decía, influye en el decantamiento de la opinión pública. Y aquí, de nuevo, se produce el fenómeno descrito para Amélie o con el episodio de mi compañera Mercedes y el David de Miguel Ángel: además de los que tienen razones y argumentos para sostener su postura y que son interlocutores caulificados para discutir la cuestión con sus equivalentes desde la o las contrarias -porque existe otro riesgo, el de representar las cuestiones como un simple dualismo conflictivo, un antagonismo entre dos en el que no caben más posicionamientos-, están también quienes se suben al carro de lo que les parece socialmente conveniente, lo políticamente correcto y desde el desconocimiento se erigen en firmes defensores de lo que nada se sabe por seguidismo sin crítica. ( es decir, esnobismo en toda regla o bien víctimas de prejuicios exacerbados)

Yo también he formado parte de los pontificadores desde la nada, supongo que por el primero y el tercero de los motivos indicados, y conozco a muchos, algunos amigos mios, que creo que en su caso más por algunos prejuicios que por alienación del parecer siguen en una postura similar. No hace mucho que me propuse tomarme el tema en serio y creo que voy bien encaminado porque, la verdad, cada vez tengo más dudas, soy más cauteloso y, resumiendo, me agobia más el asunto. Hay que guardar la ecuanimidad necesaria para fundamentar la imposible equidistancia y estos dos libros son una buena base para compensar la inclinación a uno de los lados que por distintas circunstancias tenemos la mayoría. Es un asunto apasionante y medular para entender buena parte de las cosas que suceden más allá de los límites del territorio donde tiene lugar. Me daría con un canto en los dientes si dispusiera de tiempo y voluntad para llegar a ser capaz de poder formular las preguntas adecuadas, los imperativos de la vida diaria me hacen desartar de antemano casi por completo adquirir la competencia para articular respuestas fundamentadas y convincentes (que son cosas que poco tienen que ver la una con la otra generalmente, por cierto, pero es que hoy estoy pesimista).

¿Responsabilidades políticas?

Los testimonios de esta semana en el juicio del 11-M han vuelto a poner de relieve, pero esta vez en sede judicial, que entre el 11 y el 13 de marzo de 2004 el Gobierno de España y el PP intentaron manipular a la ciudadanía para obtener réditos políticos partidistas de un atentado terrorista. Y punto pelota -hay muchos lugares en los que comprobar esto y ver detalladamente por qué es así; para los que sean refractarios a los hechos les quedan dos caminos: formar una secta o acudir al psiquiatra.
Pero lo que me interesa es que desde algunos partidos, especialmente el PSOE e IU, así como desde los medios de comunicación que les son más cercanos, parecen empeñados en colar el concepto de que deben rendirse, por parte tanto de quienes formaban parte del Gobierno entonces como de otras personalidades que no lo hacían -entre ellas el propio Presidente del partido, Mariano Rajoy-, responsabilidades políticas.
Creo que en general la sociedad civil para muchas cosas es más ágil, dinámica, solvente y eficaz que las instituciones de las que necesariamente ha de dotarse y que, por fortuna -la democracia es lo que tiene, pese a sus imperfecciones- en ocasiones resuelve los conflictos de forma pronta e incontestable. La ciudadanía de este país ya depuró responsabilidades políticas colocando a los gestores de aquel oprobioso intermedio entre los atentados y las elecciones en la oposición. Y, para mi, sanseacabó.
Es cierto que personas de la alta responsabilidad de Acebes, por señalar el caso más destacado, aferrándose con uñas y dientes a la desesperada interpretación del sostenella y no enmendalla, se podría decir que casi dan pábulo a los que entienden que determinados motivos son imperecederos. Pero esto sólo revela, en mi opinión, lo obtuso del primero -y de otros que siguen con la matraca- y la carencia de ideas de los segundos. (¿Hasta cuándo ese pedazo de secretario de organización del Partido Socialista va a seguir recurriendo día si y otro también a la guerra de Iraq, al Prestige, a las manipulaciones del 11-m y demás?¿Cuándo le va a dar por criticar las actuales propuestas del PP? Y si se me contesta que el PP lo que se dice propuestas no hace muchas, ¿por qué no hablar, al menos, de lo que hacen y dicen ahora?)

Lo del non bis in idem también vale para las responsabilidades políticas: exigir cuentas por duplicado por una misma cosa es poco razonable. Y no creo que los españoles nos merezcamos los políticos que tenemos.

12.4.07

La mens, el corpore y todo lo demás

Sanar la cabeza a estas alturas va a estar complicado: el estropicio hecho es demasiado grave. Pero voy a desentumecer los músculos, que para eso aún estoy en condiciones.
Recuerdo que al Gran Polaco Bebedor y Bicéfalo a Mayor Gloria de la Agujereada Humanidad me lo encontré, como un Tadzio talludito, en la sauna del HK hace unos años y desde entonces vivo prisionero del recuerdo de su emulación de Craso/L. Olivier conmigo (ya sabéis, el asunto de las ostras y los caracoles...Como mi madre me inculcó de pequeñito que había que comer de todo y soy incapaz de ir más allá de la literalidad, pues ni falta que hace decir como acabó el asunto)
Dejando a un lado episodios propios de El expreso de medianoche, tengo el deber, impuesto por la gratitud, de recomendar algunos blogs que alivian el molesto rutar que me acompaña de continuo a la altura de las sienes, muy distintos entre sí pero auténticas perlas de este territorio de geografía sinuosa y expansiva que es la blogosfera:
Lorzagirl, una delirante y genial satirización de una probable biografía,
La Edad Kafkiana, tribuna desde la que Lynnsinhill ofrece microficciones, algunas de tanto riesgo como los deportes que le gustan, pero de las que sale casi siempre airosa -y el suyo es un caso de éxito reconocido-,
El síndrome de Ottinger, un estimulante lugar que aúna no sólo conocimiento sino profundidad analítica y ponderación en el juicio,
El Dungeon de los senderos que se bifurcan, que nada más que por esa maravilla de alusión borgiana se merecería una visita, pero que es mucho más que una denominación afortunada,

y, por supuesto, los de mis amigos -los que escriben, no los cabronazos sin remisión que ahora que encima nos vemos poco han dejado a sus blogs morir de hambre y pena-:
Ideasmuertas, o la Polonia Realmente Existente en Madrid,
NSTR, el linuxero nenaza sobreviviente a Oxford y predicador del evangelio rodiano en el lejano oriente,
Posiblemente desidia, gran admirador de Paul Greengrass y de las películas de aviones en general al que ultimamente asaltan tentaciones políglotas.

Esto, por supuesto, sin perjuicio de los recomendados en ocasiones anteriores.

Filosofía de sobremesa (después de una fabada)

Lo que no me mata, me hace más fuerte.

Lo que no me hace más fuerte
lo suelto por el retrete.

Pero estamos vivos y lanzando periódicamente fuego graneado de heces sobre todo aliviadero que se ponga a tiro, cuando, lógicamente, lo que expulsamos no nos hace más fuertes, ergo, nos mataría de retenerlo.

Hemos nacido muertos y hace tiempo que ya no procedemos de padres vivos, cosa que nos agrada cada vez más. Pronto inventaremos la manera de nacer de una idea. (Dostoievski)

Idea -a modo de conclusión, tras pedir la cuenta-: la vida es un combate que se libra en los intestinos. Adorad vuestras tripas, pantagruélicos amigos, pues todo lo que tenéis por ellas os es dado.

Epílogo.
(Perseguidos por unos camareros armados, tras hacer un simpa)
¡Y qué me decís de los pies! ¿Los ángeles custodios?

Dos episodios de historia húngara, y II

...me gustaría contar dos historietas tomadas de mi amigo Lörinc Dániel:
La primera trata de libertad, que es el pensamiento central de nuestra época. Los nombres de los protagonistas, naturalmente, los conozco, pero no los pienso revelar, porque las consecuencias de mi indiscreción podrían ser desagradables para sus familiares, que ahora viven de nuevo feliz y desahogadamente, pero da igual, porque son los protagonistas de siempre, o sea, en dos palabras: un hombre y una mujer.
-¡Ay, querida camarada, qué cruel es usted! ¿Por qué rechaza mi sensual, pletórico amor? Corazón mío, ¿es que no se da cuenta usted de cómo palpita mi falo esponjado y rígido en la puritana cárcel de mi pernera?, ¿no estará humedeciéndose también de bendito rocío el regazo de su merced?
-No, si ya me doy perfecta cuenta de que la poderosa estaca de usted está preparándose evidentemente para dar el gran salto, pero, ¿qué quiere que le diga?, es que usted no me gusta lo que se dice nada.
-¿Y eso qué tendrá que ver?, ¡como si los hombres no fuésemos libres de ser todo lo feos que nos depare la suerte!
-Bueno, de acuerdo, pero es que usted, camarada, abusa mucho de esa libertad...

(por P. Esterhazy)

Dos episodios de historia húngara, I

-No sabes lo molesto que me resulta hablar de esto -me dijo, evidentemente nerviosa.
Sus pechos seguían en su sitio, y no habían cambiado. No perdió el tiempo en suspiros, sino que fue al grano (con desgarrones en la voz):
-Hace un año mi marido se lió con una chica de su oficina. La tumbó sobre la mesa de escribir y, zas, se la calzó. Claro que antes dejó bien libre la mesa de grapadoras y papelorios.
En mi cuarto estalló el silencio. Cerca estaban construyendo una residencia para obreros, y parece que iban a ser unos apartamentos muy pequeños, pero muy bien. A mí me caía bien la grúa, y también que se tomara tan en serio lo de las viviendas para obreros.
-...y desde entonces, pues eso, que es el prisionero de esa mujer...
La interrumpí, irritado: ¡qué expresiones!, ¡qué forma de hablar! Usamos las palabras con demasiada alegría, sobre todo cuando nos engañan. ¡Como si fuera así de fácil caer prisionero de nadie! Lo que suele ocurrir es que el problema es otro, y no acertamos a verlo.
-¡Te suplico que no me entiendas mal! Tienes razón. Lo que pasa es que, por lo que se refiere al placer corporal, pues eso, que mi marido y yo tenemos problemas, y ahí tienes la razón de que le tenga tan obsesionado esa zorra.
Oyéndola hablar así me acordé de pronto de una amiga mía con la que yo solía pasar horas en la cocina, pelando patatas, y dejábamos la peladura muy finita, casi como un suspiro, y luego dábamos de comer a sus hijos, y luego nos poníamos morados de tocarnos la entrepierna el uno al otro. Dios está contigo, chica. Yo seguía callado. Y Klára, de pronto, rompió a llorar.
-Pero es que mi marido no acaba de aclararse, él dice que me quiere, bueno, a su modo, y yo pienso que en eso no me miente. Por ejemplo, el otro día salió corriendo del retrete y me dijo que mientras estaba haciéndose pis y mirándose la polla, se había dado cuenta de lo mucho que me quiere; estarás de acuerdo conmigo en que esas cosas no se inventan así como así...Lo que pasa es que..., a veces me trae a la zorra ésa a casa, y se la lleva a nuestro lecho nupcial, y entonces a mí no me queda otro remedio que irme a dormir con los niños. Me pongo a jugar al parchís con ellos, y, claro, los pobres, pues no saben qué es lo que pasa...y me ganan casi siempre...hazte cargo: todo lo hemos hecho juntos, hasta la casa.
-¿Cuántos años tiene tu marido?
-Cincuentaidós años.
-¡Vaya! -comenté yo entonces, con toda la zalamería de mis treintaidós años, como si sólo tuviera veintidós. Hicimos una breve pausa, y yo la observaba, tenso, y es que había notado, profesional que es uno, que Klára no me había dicho toda la verdad, y así era, porque acabó soltándola:
-Mi marido me dice que la tengo muy grande. Que muchas veces le da la sensación de que no consigue hacer que me corra, dicho de otra forma, que se siente como un músico tocando en una sala de conciertos demasiado grande, mientras la otra es muy distinta por ahí abajo, ¿te das cuenta?, y eso a él le gusta más, pero mucho más, y por eso no puede dejar de pensar en ella, por mucho que lo intenta, por muy convencido que esté, y lo está de veras, de que yo valgo más.
¡Y cuanto más se sumía en esta contradicción, tanto más lloraba!
A la joven se le encendía el rostro de esperanza: ¡Queridos amigos!, ¿no es eso acaso lo que nos pasa a todos? ¡Cómo me apresuré a buscar una salida donde no la había fácil!, ¡pero tenía que haberla!, ¡no es posible que gente activa, lista, digna se hunda de esta manera!, ¿lucharon para esto nuestros padres?, ¡decidme!, ¿luchamos para esto nosotros?, ¡ni hablar!
-¡Ya lo tengo! -exclamé, estrmecido sólo de pensar en la solución que le brindaba.
Los dos nos estremecimos al tiempo después de tanta espera.
-Hay que entrenar mejor los músculos -le dije a Klára.
-Sí, eso, entrenar -repitió Klára, mecánicamente, y yo asentí, porque lo que le pasa a la cosita esa que tienen las mujeres es precisamente que está rodeada de músculos, como el fortín que defiende el soldado o el panal que levanta la abeja.
La atención desfiguraba su rostro. Al rostro de un amigo mío suele influirle también así la tristeza, y a este propósito recuerdo que coincidimos los dos una vez en un entierro, por eso puedo afirmarlo: su frente se había angostado, todo en él se había vuelto desproporcionado, ¡hasta los ojos se le habían juntado embrutecidamente, pero sin llegar a ponerse bizco, lo cual, por lo menos, habría dado un sentido a tamaña monstruosidad! Y esto, a pesar de que, puestos a medir la tristeza de aquel entierro, la mía habría resultado mayor, pero, claro, esas mediciones no son posibles. Y, bueno, tampoco sabía yo cómo estaba mi cara en aquel momento...
-Mira, tú lo que tienes que hacer es ponerte cómoda, y andar por la casa desnuda, y meterte el dedo a tu gusto en tu sagrario. Y verás que, justo a la entrada, donde en cualesquiera otros lugares de devoción está el agua bendita, tienes un músculo circular, y al toser se te contrae, y la cuestión es ésa: entrenarlo para que se te contraiga a voluntad.
-¿Así de fácil? -me preguntó ella, incrédula, y yo le di suaves golpecitos en la mejilla.
-No, claro que no, fácil, lo que se dice fácil, no hay nada.
(Aunque la verdad es que aquí podría haber puesto punto final, pero seguí y le expliqué con detalle la función de los músculos constrictores, de las agujetas, en fin...)
¿Es que voy a estar siempre pensando en estas cosas?¡Sería terrible! Tener que estar siempre pensando en una cosa que nunca..., que siempre..., que mi trnquilidad...
La frené con un fuerte movimiento de cabeza:
-Tú estate tranquila -le dije-, todo irá como las propias rosas a partir de ahora, ya verás. La cima de tus placeres se multiplicará. Lo aprenderás, todos lo hemos aprendido, como cuando aprende a ladrar el cachorrillo.
Se levantó de mi sofá y fue en dirección al baño poseída de una sorda esperanza, pero de pronto se volvió, y me dijo, con una jovial tosecita:
-(Autocensura) El sentido de la imagen está en su aspecto.

11.4.07

Pamela y Kirsten

Los periódicos gratuitos son un filón.
En Metro, edición Madrid, nos cuentan estas dos maravillas:

-Pamela Anderson extiende su lucha más allá de EEUU y pide ahora un mejor trato para los pollos egipcios.
Pamela siempre ha sido una mujer faraónica: primero nos hizo agotar las reservas de pasta de celulosa de media selva amazónica y ahora nos va a cambiar la dieta. Esperemos que el lobby de Kentucky no pueda con ella.

-Kirsten Dunst manifiesta en The Sun que "el mundo sería un lugar mejor si todo el mundo fumara hierba".
Buff, bueno, no sé yo si sería mejor; desde luego lo veríamos con mejores ojos.

Cine sobre el Holocausto

En una semana dispondré por fin de mi atadura para los próximos 12 o 14 meses -yiiiiiiijaaaa!!!!-, así que estos son los últimos días en los que podré deponer/evacuar/excretar con tanta prolijidad. Aclaro esto porque pudiera parecer que estoy siendo castigado por mi doble blasfemia. Es decir, que dada mi condición de mischlinge, gozo de la posibilidad de cometer una impiedad biconfesional: faltar al respeto a la tradición católica paternal -que con tanta prodigalidad ha provisto históricamente de sacristanes a una población pacense- jundiéndome el viernes santo un buen bistec, y pasarme por el arco del triunfo la judía materna teniendo buen cuidado de no prepararlo para que resultara kosher, sino engullirlo aún sanguinolento. Mi comportamiento es irreverente y más de un dios va a pujar tras mi muerte por mi alma infame con la segura intención -irreprochable- de cantarme las cuarenta, pongamos que por toda la Eternidad. Es más fácil darse importancia haciendo el bien, porque sólo se compite con cuatro iluminados; lo meritorio es destacarse practicando aquello a lo que concurrimos la inmensa mayoría, como el egoísmo, la avaricia, el orgullo, la insolidaridad, la crueldad y la desafección por el movimiento libertario. Y a mi me gustan los retos. Así que cuando falte el chorreo de entradas diario no penséis todavía que ya estoy ante los tribunales de ultratumba: estaré en la biblioteca empollando políticas públicas y derecho administrativo. O sea, que es entonces cuando mereceré vuestra compasión, no una vez en el camposanto.

El caso es que para relajarme he pensado en hacer un trabajito para el que me vendría muy bien un listado de películas que traten el tema del Holocausto. No me interesan películas bélicas ni ambientadas durante el periodo bélico, ni aquellas en las que se toque tangencialmente o se aluda a la cuestión, sino sólo en las que el Holocausto y la cuestión judía en el III Reich sean el tema central, bien en campos de concentración, entre bambalinas políticas, etc. Cualquier contribución será bienvenida. No descarto organizar una cuestación para sufragar alguna que sea especialmente destacada. Pero de eso ya avisaré.
Gracias por adelantado.

p.d.: lo de que ya se acaba la buena vida de las cuatro asignaturas de la carrera de relleno es verdad de la güena, en serio que me pongo al turrón del opositor cuando me den los temarios next week, palabra, esto no es como lo de "chupa, chupa, que ya te aviso...". Desconfiados, malajes, anda que pensar así de vuestro conmilitón en tantas trincheras, el tito Rodia. Na' más que disgustos me dais, caldeos y berrinches. ¡Disidentes!

¿El secreto del triunfo? Ponerse fea, parecer desagradable


Por lo que cuenta la prensa el estreno de la película de Olivier Dahan sobre la cantante francesa Edith Piaf debe ser inminente. Yo no tengo ni idea del tema, más allá de las cuatro cosas habituales, pero convivo con dos entusiastas de la chanson française -que me hostigan por mi desconocimiento y me vacilan marginándome de sus conversaciones en lengua transpirenaica- y la curiosidad me hará pasar por el cine, seguro.

Para interpretar a la celebérrima artista han contado con Marion Cotillard, a la que hasta ahora sólo he visto en alguna de la saga Taxi -la única que he visto, la 1 o la 2, no recuerdo-, Largo domingo de noviazgo y Big Fish, y que tiene como más reciente estreno en España la última de Ridley Scott. El motivo de esta entrada se basa en una presunción: que a partir de ahora esta bellísima actriz será tomada más en serio. Y es que no hay cosa para una actriz como afearse físicamente, sobre todo, y en menor medida interpretar papeles muy dramáticos, para ser reconocida. Ojo, que no prejuzgo para nada la labor de Cotillard porque sería absurdo sin haberla visto, y además preveo que seguramente desempeña su tarea de manera muy meritoria. Lo que me llama la atención es que se minusvalore, en primer lugar, a las actrices hermosas, sobre las que por el mero hecho de serlo ya se tienen ciertos recelos, prevenciones e incluso aprensiones y, en segundo lugar, determinados géneros.

Como algunos sabéis, porque lo hemos compartido, he hecho mis pinitos delante de las cámaras, con catastróficos resultados. Actuar es muy complicado, es cierto. Pero la adecuación a un papel lo es tanto como el papel en sí. Por ejemplo: para mi Bruce Willis es la hostia en Jungla de Cristal. Hacer una película de acción requiere, seguro, menos matices y variedad de registros que otros papeles en distintos géneros, pero el detective John McClane es una creación única. Un bruto, un macarra desastrado que persigue y mata a malos haciendo chascarrillos, sí, nada más. Y nada menos que John McClane, el epítome del poli bueno que puede ser la aspiración de cualquier chaval, el colega con el que nos encantaría ir de farra. Un gran personaje que Willis no interpreta, sino que encarna. Pero darle un premio serio un sacrilegio.

Y algo parecido ocurre con la comedia. Hacer reir es una de las cosas más difíciles y loables del mundo. Pero parece que andamos culposos por algo indefinible y que lo que más agradecemos es que nos ayuden a ejercitar el lagrimal. Debe haber algún estudio sobre eso.

El caso es que actrices como Nicole Kidman, Charlize Theron, Halle Berry o Reese Whiterspoon, por citar algunas de las ganadoras del Oscar más recientes, obtuvieron el espaldarazo crítico unánime a raíz de esconderse bajo capas de maquillaje o meterse en la piel de mujeres desgarradas y heroicas.

Reivindico la ligereza. Por pedir que no quede.

Banderas de nuestros...políticos

Ayer el Madrid ganó un título: oeoeoeoeoeoeoeoe!!!!!
De baloncesto: oeoe!!
El equivalente a la UEFA, para los que nos movemos en el mundo del fútbol: oe!!
Bien, coño, a mucha gente le gusta el baloncesto y siempre es muy meritorio ganar una competición.
Pero en la celebración hubo algo que me llamó la atención: un jugador portaba una bandera de la Comunidad de Madrid.

Ya sabéis que yo hablo desde la apatridia, pero ¿a nadie más le sorprendió? Quiero decir que a ver si los madrileños, grandes asimiladores de costumbres foráneas, vamos a empezar a emular las chorradas que ahora tanto proliferan en otros lugares del cortijo ibérico. Una bandera de la CAM...Espeluznante. No sólo la bandera en sí, que para mí es sosa, sino el hecho. ¿Se ha definido una madrileñidad o algo así y no me he dado cuenta? Que me haya pasado desapercibido semejante cataclismo después de mi desintoxicación significa que puedo pedir que me devuelvan el dinero. ¿Desde Buitrago a Navalcarnero, de Estremera a Cenicientos, las fresas de Aranjuez y el nosequé de Guadarrama, son ahora líneas definitorias de una nueva identidad?
Hace un cuarto de siglo, más o menos, se croncretó una división político administrativa poco antes prevista que nos dejó a los vecinos de la elefantiásica Madrid con un alfoz propio, le inventamos bandera y ¡patapúm! , ya no salimos de marcha sin rendirle tributo al pendón que se yergue en lo alto de un edificio en la Puerta del Sol. No me jodas...
Me estoy volviendo jacobino. Como tengo reciente a Federico, le cito: No nos dejaremos quemar por nuestras opiniones por lo poco seguros que estamos de ellas. En cambio, nos dejaríamos quemar por tener el derecho de tener nuestras opiniones -ramalazo volteriano de Fede-, y de cambiar de opinión. El Gran Polaco es muy escéptico con estas cosas, pero prometo que es como lo cuento: jacobino. Hombre, no se cambia de idea del Estado como de amor, al menos en mi caso, pero se cambia. Y espérate que no me haga partidario de un Comité de Salud Pública, que tiene una ventaja adicional: el encanto de lo que razonablemente se vislumbra su fracaso estrepitoso. (Pero que nos quiten lo bailao)

Llego tarde, tarde, tarde...

9.4.07

Bajo el cálido amparo de la ignorancia

Lo de ser un ignorante orgánico tiene sus ventajas y es de justicia reconocerlo.
Entre mis múltiples defectos se encuentra el de no ser capaz de expresarme en otra lengua que en la que escribo este blog y, por supuesto, klingon -para la que no hay sistema de trasposición gráfica terrícola adecuado-. Pero en ocasiones esta severa limitación cultural y falta de cualificación profesional sirve para ocultar otras taras más profundas e injustificables por la simple desidia antropológica que caracteriza a mi tribu.
Estos pasados días de asueto confesional Nstr recibió la visita de dos de sus compañeras en Oxford y tuve el placer de tratarlas personalmente. En la apoteosis del intercambio cultural, esperando a solas con ellas en las catacumbas de un céntrico pub atestado de jóvenes wasp alcoholizados -unos vociferantes mayflowercitos de lo más encantador- mientras los demás pedían la consumición de turno -esos imprescindibles botijos que son nuestra sombra-, puse a prueba todas mis destrezas comunicativas lingüísticas...con un pobre resultado. Afortunadamente. Me explico. Preguntado por la existencia de una hipotética girlfriend de Rodia, pregunta directa y sencilla, no tuve más que responder con un monosílabo, dichosa expresión sintética que ni siquiera requiere más que un gesto pero que, como me sentía henchido de optimismo, artícule hasta conseguir un no de lo más british. A continuación se me preguntó si había tenido antes una girlfriend, a lo que, interpretando en un sentido débil el término y no entrando en precisas categorizaciones -¿qué entendemos por una girlfriend?- respondí con una construcción compleja a la manera de Toro Sentado: "oh, yes, yes, many years ago", haciendo aspavientos con los brazos en dirección a la pared que quedaba detrás de mi espalda para parchear las lagunas sintácticas y léxicas con el noble arte del mimo. Pero cuando seguidamente me inquirieron por mi tipo ideal de girlfriend, la cosa se puso complicada. No es que no me haya planteado la cuestión en términos weberianos; lo que no he hecho es hacerlo en inglés. Y poniendo a toda máquina el aparato pensador, construí una frase digna de un soneto shakesperiano o de una comedia de Wilde, que traduzco literalmente al castellano para que no se pierda nadie: "Oh -en inglés empiezo todas las frases con un "oh", como lamentando el atropello que voy a soltar de inmediato-, no tengo un tipo de mujer, no, yo creo que yo encuentro cosas buenas en muchos tipos de mujeres diferentes, yo creo que muchas mujeres diferentes me gustan, si, si". Así, con un par, demostrando la amplitud de mis horizontes, no sea que se lleven la impresión de que me dejo constreñir por algo parecido a un criterio. Y la culminación llegó con la explicación al hecho de no tener girlfriend -que no recuerdo a ton de qué vino, pero tendría algún motivo, aunque fuera como autojustificación-: "Because I'm very nervous".
Bendita ignorancia: es evidente que decir que en lo esencial soy un tipo insoportable habría dejado una impresión mucho más negativa -tal vez terrorífica- en nuestras amabilísimas y encantadoras visitantes.

Alienación social y lucha de clases vista a través de una felación a Alexander Portnoy

Lo que Sally no podía hacer era mamarme. Disparar una escopeta contra un pato está muy bien, chuparme el pene es algo superior a ella. Lo sentía, decía, si yo me lo iba a tomar tan a pecho, pero era algo que ella no quería probar. Yo no debía comportarme como si se tratara de una afrenta personal, decía, porque no tenía absolutamente nada que ver conmigo como individuo...Oh, no ¿eh? ¡Un cuerno, nenita! Sí, lo que tanto me encolerizaba era precisamente mi creencia de que yo estaba siendo objeto de discriminación. Mi padre no podía ascender en la Boston & Northeastern por la misma razón por la que Sally Maulsby se negaba a echarse sobre mi. ¿Dónde estaba la justicia en este mundo?(...)"Yo te lo hago", le decía. La Peregrina se encogía de hombros, me decía amablemente: "Pero no tienes por qué hacerlo, ya sabes. Si no quieres...". "Ah, pero es que quiero. No es cuestión de tener que. Yo quiero hacerlo." "Bueno -respondía ella-, yo no". "¿Pero por qué no?" ."Porque no". "¡Ésa es una contestación de niña, Sarah...! ¡Dame una razón!." "Yo...simplemente no hago eso, eso es todo". "Pero eso nos lleva a lo mismo. ¿Por qué?". "No puedo, Alex. Simplemente, no puedo." "¡Dame una sola razón!" "Por favor -replicaba ella, conociendo sus derechos-, no creo que tenga que hacerlo".
No, ella no tenía que hacerlo, porque para mí la contestación estaba ya bastante clara de todas formas: Porque tú no sabes orzar una embarcación ni qué es un foque, porque nunca has tenido trajes de noche ni has estado en un cotillón...Sí, señor, si yo fuera un rubio goy (gentil, en yiddish) con traje de montar y botas de caza de cien dólares, no se preocupe, ella estaría ya mamándome, ¡oh, estoy seguro de ello!
Estoy equivocado. He pasado tres meses ejerciendo presión sobre su nuca (presión que encontraba una sorprendente resistencia, una impresionante e, incluso, conmovedora exhibición de obstinación viniendo de persona tan dulce y poco combativa), durante tres meses la he asaltado con argumentos y la he estirado de noche de las orejas. Luego, una noche, me invitó a oir el Cuarteto de Cuerda de Budapest interpretando a Mozart en la Biblioteca del Congreso; durante el movimiento final del Quinteto de Clarinete, ella me cogió de la mano, empezaron a brillar sus mejillas, y, cuando volvimos a su apartamento y nos metimos en la cama, Sally dijo: "Alex...lo haré". "¿El qué?" Pero ella se había sumergido ya bajo las sábanas y estaba fuera de mi vista: ¡chupándome! Es decir, tomó mi pene en su boca y lo retuvo allí durante el tiempo que se tarda en contar hasta sesenta, exactamente igual, doctor, que si tuviese un termómetro. Yo aparté las mantas...¡tenía que ver aquello! Sentir no había mucho que sentir, pero ¡oh, la vista de ello! Sólo que Sally había ya terminado. Se lo había puesto ya a un lado de la cara, como si fuera la palanca de cambio de su Hillman-Minx. Y había lágrimas en su rostro.
-Lo hice -anunció.
-Sally, oh, Sarah, no llores.
-Pero lo hice, Alex.
-¿Quieres decir -exclamé- que eso es todo?
-¿Quieres decir -respondió entrecortadamente- que hay más?
-Bueno, para serte franco, un poco más. Quiero ser sincero contigo, esto pasaría inadvertido...
-Pero se está poniendo grande. Me ahogaré.
UN JUDÍO ASFIXIA CON EL PENE A UNA DEBUTANTE, Graduada de Vassar víctima de estrangulamiento.
-Si respiras, no.
-Sí, me ahogaré...
-Sarah, la mejor protección contra la asfixia es respirar. Tú respira, y no te preocupes de más.
Dios la bendiga, lo intentó. Pero salió con náuseas.
-Ya te lo he dicho -gimió.
-Pero no estabas respirando.
-No puedo, con eso en la boca.
-Por la nariz, haz como si estuvieras nadando.
-Pero no lo estoy haciendo.
-¡FÍNGELO! -sugerí, y, aunque ella lo intentó valientemente otra vez, emergió sólo unos segundos después, congestionada, tosiendo y bañada en lágrimas. La cogí entonces entre mis brazos (aquella encantadora y dispuesta muchacha, convencida por Mozart para mamar a Alex, oh, dulce como Natacha en Guerra y Paz, tierna y joven condesa). La mecí, la acaricié, la hice reír, le dije por primera vez "yo también te quiero, nenita", pero, naturalmente, no podía estar más claro para mí que pese a sus abundantes cualidades y encantos -su entrega, su belleza, su gracia felina, su puesto en la Historia americana-, no podía haber en mí ningún "amor" hacia La Peregrina. Intolerante con sus flaquezas. Celoso de sus éxitos. Resentido con su familia. No, no había allí mucho espacio para el amor.

Philip Roth, El lamento de Portnoy

F. Nietzsche: ondas sobre la superficie de un estanque


La evolución toda de Nietzsche es el resultado de su temprana pérdida de la fe religiosa. Evolución que tiene su origen en el "temor de la muerte de Dios", esta emoción inaudita cuyos últimos rugidos repercutirán hasta en la cuarta parte de Zaratustra.

Lo que Nietzsche trata de descubrir, a través de las distintas formas de divinización de sí, es un "sustituto por el dios muerto". En ello podemos ver la supervivencia del instinto religioso en un librepensador, instinto que permanece muy poderoso, incluso después de haberse hundido el dios al que se dirigía. A este dios podemos aplicarle la hermosa imagen de Nietzsche: "Ya se ha puesto el sol, pero alumbra y abrasa todavía el cielo de nuestra vida, aunque ya no lo veamos".

Es preciso igualmente leer en el Gay Saber este conmovedor "Apóstrofe del insensato": "¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido obrar así? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho cuando hemos separado esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde le conducen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos sin cesar? ¿Hacia delante, hacia atrás, de todos lados? ¿Todavía hay un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? El vacío ¿nos persigue con su hálito? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros, que entierra n a Dios? ¿Nada sentimos aún de la descomposición? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros somos quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esta sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de este acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso, y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia".

Los sufrimientos causados por la nostalgia de Dios terminan engendrando la necesidad de crear a Dios, y éste no puede más que manifestarse bajo la forma de la divinización de sí mismo. Con instinto seguro, Nietzsche detecta en el fenómeno religioso la expansión suprema del instinto individual, la voluntad de alcanzar los goces supremos del espíritu. En general, este individualismo exaltado, que encontramos en el origen de todas las religiones, este "egoísmo sublime" que anima todas las manifestaciones de la vida religiosa, se expresa libremente porque cree dirigirse a una potencia vital o divina que le es ajena, mientras que en Nietzsche influye sobre él mismo, y vuelve al centro de donde había alido. Por un lado su inteligencia le dice que Dios ha muerto, pero por otro, su instinto no soporta la falta de divinidad. Entonces se ve en la obligación de aplicarse a sí mismo la conclusión audaz que saca de esta contradicción: "Si hubiera dioses, ¿cómo soportaría yo el no ser un dios! Por tanto, no hay dioses". Estas palabras de Zaratustra se pueden comparar a estas otras: "¡Y habrá adoración incluso en tu vanidad!".


Lou Andreas Salomé, Nietzsche, Grupo Cultural Zero, Madrid, 1986.

L'Humanité/La catatonia espiritual a día de hoy


La belleza pasa desapercibida (elpais.com, 9/4/2007)

Viernes, 12 de enero de 2007. Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante 43 minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado del Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca. No había caído en desgracia, sino protagonizando un experimento, recogido en diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza.

Un experto, Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EEUU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza, y un centenar echaría dinero en la gorra. Pero eso no fue lo que ocurrió.

Joshua Bell fue un niño prodigio, que no ha dudado en quitarse el aura de virtuoso intocable. Ha llegado a aparecer en la versión estadounidense de Barrio Sésamo. También interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un oscar. Bell no sólo respondió encantado al reto de tocar en el metro, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius.

El músico arrancó con la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.

A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.

"Era una sensación extraña, la gente me estaba? ignorando", declara Bell al Post. El virtuosos asegura que habitualmente le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.

Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza. Mientras, Bell recuerda con amargura los peores momentos: cuando acababa una pieza, nadie aplaudía.

Sólo una personas se detuvo seis minutos a escucharle. El treintañero John David Mortensen, funcionario del Departamento de Energía de EEUU, quien declara al periódico que la única música clásica que conoce son los clásicos del rock. Fuera lo que fuera lo que estaba tocando el virtuoso, declara Mortensen "me hacía sentir en paz".

8.4.07

Onán

El Antiguo Testamento es una de las lecturas más provechosas y entretenidas que pueden encontrarse, como cualquiera que recuerde la catequesis sabe. Pero existen tantos prejuicios sobre el Libro, tanto del lado de quienes desde la irreligiosidad lo tachan de colección de supercherías sobre el que cargar veintitantos siglos de neurosis e histerias colectivas como de quienes le atribuyen, desde fundamentalismos confesionales varios, el carácter de obra incontestable y manual de instrucciones que seguir al pie de la letra para no descarrilar en la vida, que la mayor parte de las veces lo único que se escucha de él son las frases hechas que en uno u otro sentido sirven de coletillas para emplear acríticamente en cualquier trance.
Como ateo a la manera judía que soy contemplo esta antigua Ley -Torá- con respeto y una cierta reverencia elevada por la ironía necesaria en estos casos. Y me puedo permitir pasármelo bien y alimentar la jocundia con algunos episodios como el de Onán que refleja, como he señalado antes, el profundo desconocimiento y lo errado de los lugares comunes de tantos latiguillos coloquiales. Si en estos días tan repletos de ceremoniales y plegarias alguien quiere desengrasar un poco desde dentro, invitado queda a pasarse por aquí.

6.4.07

Ray

Hasta que se descongele el proyecto paginero Reality Tropezones se abre como las entrañas de Madrid ante las tuneladoras para recoger otras voces, nuevos temas, distintos enfoques y soplos diferentes que alivien algo el vórtice rodiano de la tribuna, lo que lejos de desnaturalizarla la completa pues un tropezón no es una partícula libre que actúa aislada de las demás, sino que es en el conjunto de la masa potosa donde toma y compone su conciencia social e individual, desde el contraste con sus tropezoncillos semejantes.
Las primicias se las llevan Cris y el cine.

RAY


Drama biográfico
USA. 2004
Director: Taylor Hackford
Intérpretes: Jamie Foxx, Kerry Washington, Regina King, Sharon Warren
Guión: Taylor Hackford y James L. White
Calificación: * * *




Taylor Hackford (responsable, entre otras, del hito romántico de los ochenta “Oficial y Caballero”; “Pactar con el Diablo”-popurrí de “El corazón del ángel” y “La semilla del diablo”- o la interesante “Dolores Claiborne” y que en 1987 rodó un documental sobre otro de sus ídolos musicales, Chuck Berry) es un director eficaz que compone en “Ray” una película vistosa y elegante que sin embargo no aporta nada nuevo al género de las biografías cinematográficas. Narra con corrección la historia personal y profesional del genio musical desde sus inicios hasta su consagración, intercalando “flashbacks” de la infancia del protagonista y esplendorosos números musicales (para mí, lo mejor de la película) que cantan la vida de Ray Charles Robinson.

El peso de la película recae sobre la imitación e interpretación(¿?) de Jamie Foxx que plasma perfectamente al músico y su coreografía corporal, recordando a sus inicios como cómico en la televisión norteamericana en el mismo programa del que también salió Jim Carrey, “In Living Colour” (¿por qué aún se le exige a un intérprete que encarne papeles dramáticos- como es el caso de Foxx con “Collateral” y “Ray”- para que se le tome en serio como actor?).




Los demonios y fantasmas de Charles sobrevuelan la historia basada en un flojo guión (del que el director es coautor) donde no se explican los súbitos cambios del protagonista y quedan desdibujados tanto los personajes que le acompañan como el conflicto racial de fondo. Es interesante ver cómo al (externo) éxito profesional le sucede el (interno) fracaso personal pero da la sensación de que lo que pretende el director es justificar al mito, drogadicto y mujeriego pero ante todo genial, a través de sus traumas infantiles y que el espectador simpatice con él (curiosamente este planteamiento se opone a la doctrina que dura pero emotivamente le inculcó su madre). La película mantiene el interés aunque llega un momento en el que uno siente estar ante un “telefilme” a lo grande que se vuelve más típico y tópico conforme llega al final, finiquitándose el “asunto drogas” en el último cuarto de hora de metraje y poniéndole una rápida solución a los problemas de Ray con una mágica sesión de psicoanálisis. Se nota que es una película hecha por un “fan” para los “fans”, que se deja ver aunque lo que perdurará será el señor que le da nombre.

Cristina M. Portocarrero